Huyendo de la fábrica de monstruos

Estos días, con motivo del crimen de Santiago que causó la muerte de la niña de doce años Asunta Basterra, se está hablando mucho del papel de los medios de comunicación. Se hicieron cosas bien y, como siempre, otras no tanto. No es ahí donde quiero poner el acento, sino en una consecuencia que tuvo todo esto en la Facultade de Ciencias da Comunciación de Santiago de Compostela de la que fui estudiante: la renuncia de una docente de gallego a impartir clases en este centro de estudios.



Texto publicado por Hermida en su cuenta personal de Facebook.

La profesora en cuestión es Carme Hermida, de la que no fui alumna (aunque si cursé la materia optativa de gallego en el primer curso de la carrera, impartida aquel año por otra maestra; y lo mismo con la obligatoria de gallego oral en segundo), y que non quiere seguir enseñando en esta facultad porque no desea ser partícipe de la formación de los profesionales gallegos del ámbito del periodismo. No son palabras textuales, pero es una manera (más suave, por cierto) de resumir lo que se deduce de lo que escribió: "Personal y profesionalmente, no tengo fuerzas para invertirlas en la formación de personas que sé que se van a convertir en seres morbosos, manipuladores, mentirosos, despreciativos, pagados de sí mismos y irreflexivos".

Toda esta lista de adjetivos me la está aplicando a mí, en calidad de licenciada por esta facultad. Y a cientos de personas, cayendo, para empezar, en una generalización que, como ocurre con casi todas –por definición-, resulta impertinente. Está faltando al respeto a todos los demás profesionales que enseñan en la facultad de Periodismo, más allá de despreciar, por sistema, el trabajo de todos los medios de comunicación de la comunidad.

Centrándonos en el caso de Asunta, por supuesto que se cometieron errores, y hubo morbo y mil cosas que deberían ser corregidas. Ahora bien, como apunta el Colexio Profesional de Xornalistas en un comunicado conjunto con la propia facultad y hecho público hoy (y con fondo crítico), "también se debe apelar al buen trabajo de las docenas de periodistas que se enfrentan ante la dura tarea de informar de un suceso tan dramático".


Comunicado do CPXG e a Fac. de Ciencias da Comunicación da USC ante o tratamento informativo do caso de Asunta http://t.co/twuMZT59f5
— xornalistas (@xornalistas) October 3, 2013

Hermida hace hincapié en el hecho de que lleva muchos años desarrollando parte de su labor profesional en Periodismo. ¿Qué pensaba del papel de la prensa gallega en todos estos años? ¿No encontró ningún trabajo meritorio? ¿Tanto tardó en darse cuenta de que estaba contribuyendo a la formación de monstruos* y de que no quería que así fuese?

*Recordemos: mentirosos, morbosos, etc. etc.; monstruos me parece
 un buen término para sintetizar los rasgos que enumeró.

Además de todo lo anterior, suponiendo que estuviese acertada en sus argumentos, yo formularía la cuestión de otro modo: como educadora que es, ¿qué mejor que combatir desde dentro lo que no le gusta de lo que ve? Es decir, si efectivamente se estuviese formando a monstruos, ella tiene la oportunidad, desde esas mismas aulas, de probar algo distinto, de enseñar otra manera de hacer las cosas (aunque sea en la materia de lengua gallega, que pasa a ser secundaria ante la gravedad de lo que denuncia). Aunque no sirviese de nada, mejor será hacer lo que esté en tu mano que pasar del asunto, preocupándote solo de desvincularte para que no te salpique, digo yo. Esto, repito, en el supuesto de que lo que dice esta mujer tuviese pies o cabeza, que me temo que no es el caso.

Carme Hermida. Foto: Galicia Hoxe.



Y no es el caso porque nada de lo que dice esta docente se enseña en la facultad. En realidad, se enseña todo lo contrario. Otra cosa es cómo se desarrollen las cosas después, y la evidencia de que poco o casi nada del mundo que te encuentras cuando sales del ideal de la facultad es semejante a lo que ves en ella -no siempre para mal, ojo-. Es ahí, seguramente, donde radica el problema.

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